El miércoles 7 de octubre de 2026, nuestro equipo se desplazó hasta La Comète, en Châlons-en-Champagne, para descubrir el festival War On Screen.
Fundado en 2013, este evento se celebra cada año durante una semana a principios de octubre. Su decimocuarta edición tuvo lugar del 5 al 11 de octubre y, como cada año, las proyecciones fueron acompañadas de encuentros y coloquios con el público. Dedicado por completo a las representaciones de los conflictos en la pantalla, en todas sus formas, el festival reúne cada año a más de 20.000 espectadores.
Antes de asistir a la proyección de Roya (2026), dirigida por Mahnaz Mohammadi, tuvimos la oportunidad de conversar con Renaud Besse-Bourdier, miembro del equipo de programación del festival. Guionista, crítico de cine, profesor y gran conocedor del séptimo arte, nos habló de su trayectoria y de cómo se ha concebido la programación de esta edición.
Una trayectoria marcada por la pasión por el cine
Tras estudiar en la École Normale Supérieure (ENS) y graduarse en la Universidad de Chicago, Renaud Besse-Bourdier comenzó su carrera como profesor de inglés. Más adelante, obtuvo la habilitación necesaria para impartir cine como asignatura optativa y de especialidad en secundaria.
Desde entonces, ha desarrollado una trayectoria que combina distintos ámbitos creativos y académicos. Además de su labor docente, escribe obras teatrales para la compañía Les Wonderbiches, trabaja como guionista de animación y colabora como crítico de cine en publicaciones especializadas.
Fue precisamente su actividad como crítico, especialmente como redactor jefe de Cinématraque y colaborador de Écran Large, la que le llevó a establecer contacto con War On Screen. Tras la salida de uno de los miembros del equipo el año anterior, la dirección del festival recibió alrededor de diez candidaturas propuestas por los propios programadores. Así fue como Renaud se incorporó al comité.
Para él, programar un festival va mucho más allá de seleccionar buenas películas: se trata de compartir una visión del cine, dejarse guiar por la curiosidad y encontrar conexiones entre obras que, a primera vista, pueden parecer muy diferentes.
Cómo se construye la programación de un festival
Las primeras reuniones de trabajo arrancan en enero, pero Renaud nos explicó que el ritmo se acelera a partir de febrero, coincidiendo con el anuncio de la selección del Festival de Clermont-Ferrand. Ahí empieza una intensa labor de búsqueda y visionado en la que el equipo evalúa una enorme cantidad de películas, tanto recientes como clásicas.
En el apartado de cortometrajes y ciclos temáticos, Renaud y Antoine Desrues ven alrededor de un centenar de títulos para seleccionar solo catorce (diez en competición oficial y cuatro fuera de competición). De los largometrajes se encarga Hervé Bougon, mientras que la programación infantil y juvenil corre a cargo de Mathilde Boureau. Para dar con las mejores obras, el equipo de programación recorre los grandes festivales internacionales, como Cannes o Berlín.
Toda esta maquinaria está dirigida por Édouard Chapot, director de La Comète, y coordinada de forma central por Julie Maillard, sin quien «nada funcionaría», nos confiesa Renaud. Por último, las decisiones se toman siempre en equipo: cada película se debate conjuntamente para trazar puentes y crear coherencia entre las distintas secciones de la programación.
Tres grandes temáticas
Cada año, la programación de War On Screen se articula en torno a tres grandes temáticas.
El primero está dedicado a los derechos de los animales. Como continuación de las reflexiones sobre ecología de ediciones anteriores, este ciclo aborda la violencia que los seres humanos ejercen sobre los animales y la manera en que el cine la representa. La selección oscila entre propuestas especialmente impactantes, como la película experimental Gorge Cœur Ventre, rodada en un matadero, y producciones más accesibles para el gran público, como Happy Feet. Dos enfoques muy distintos que invitan a reflexionar sobre una misma problemática.
El segundo eje pone el foco en el cine de submarinos, un género especialmente interesante para explorar los mecanismos del suspense y del montaje, entre ellos el efecto Kuleshov, y que ofrece posibilidades narrativas que pocos géneros pueden igualar.El ciclo reúne joyas menos conocidas del patrimonio cinematográfico francés, como Les Maudits, que sigue a un grupo de civiles que huyen de la Alemania nazi, junto a clásicos de Hollywood y películas ambientadas en el contexto de la Guerra Fría. Entre ellas figuran Torpille sous l’Atlantique y À la poursuite d’Octobre rouge, esta última proyectada en 35 mm, además de la imprescindible Das Boot.
Por último, el tercer eje está dedicado a Taiwán, un proyecto especialmente querido por Renaud. Este ciclo explora las amenazas geopolíticas que pesan sobre la isla y las distintas formas de imperialismo —japonés, chino y occidental— que han marcado su historia. En muchas de estas películas, la guerra permanece en un segundo plano, fuera de campo, pero su presencia sigue siendo fundamental para comprender lo que ocurre en pantalla. Al situar en el centro el Nuevo Cine Taiwanés de los años ochenta y recuperar a figuras fundamentales como Edward Yang, el ciclo también recuerda que la identidad y el reconocimiento cultural de un territorio pueden perdurar incluso en un contexto de tensiones diplomáticas y disputas políticas.
Cuando el cine conecta con la actualidad
Una de las señas de identidad de War On Screen es su capacidad para relacionar las representaciones históricas de los conflictos con los acontecimientos que marcan la actualidad.
Documentales conmovedores sobre Palestina y Ucrania, películas que abordan la situación en el Líbano y obras que reconstruyen la historia de Irán a través de archivos familiares y testimonios íntimos forman parte de una programación que no pretende mantener una distancia cómoda frente a la realidad. El festival invita, por el contrario, a enfrentarse a las dimensiones humanas y políticas de los conflictos, tanto pasados como presentes.
La película inaugural, Le Faux Soir, es un buen ejemplo de ello. La obra reconstruye el acto de resistencia de unos periodistas belgas que sabotearon un periódico colaboracionista para publicar una edición satírica en su lugar. Su iniciativa constituye un precedente sorprendentemente actual de la lucha contra la desinformación y las noticias falsas.
Otras películas abordan estas cuestiones desde perspectivas diferentes. Es el caso de Notre salut, que analiza los vínculos persistentes entre las prácticas de gestión capitalistas y las estructuras fascistas. A medio camino entre el documental y la improvisación, con un estilo que recuerda al de The Office, la película utiliza el humor y las situaciones cotidianas para explorar una cuestión profundamente política.
En conjunto, estas obras demuestran que el cine no solo permite revisitar la historia, sino que también puede ayudarnos a comprender mejor el mundo en el que vivimos.
Las recomendaciones de Renaud
Cuando le preguntamos por sus favoritas de esta edición, Renaud destacó dos películas que, en su opinión, merecen especialmente la pena.
En la categoría de largometrajes, su elección es Yi Yi, de Edward Yang, una obra maestra del cine taiwanés y una de las grandes películas de la historia del séptimo arte.
En cuanto a los cortometrajes, mencionó con especial emoción O Rio de Janeiro Continua Lindo, de Felipe Casanova. La película cuenta la historia de una madre que escribe a su hijo, víctima de la violencia policial durante el Carnaval, en un relato profundamente conmovedor. Renaud también compartió con nosotros la frase que más le había marcado: «Todavía siento alegría cuando encuentro pedazos de ti en otras personas».
Una frase que condensa la fuerza emocional de la película y su reflexión sobre el duelo, la memoria y la manera en que seguimos encontrando rastros de quienes hemos perdido en los demás.
Un último consejo
Para terminar nuestra conversación, le preguntamos a Renaud qué papel desempeña el público y qué lugar ocupa la juventud en el panorama cultural actual. Su respuesta giró en torno a una idea fundamental: aprender a mirar las películas —y el mundo que nos rodea— con espíritu crítico.
«Sed curiosos y curiosas, y no tengáis miedo de desarrollar vuestro propio criterio. Hace unas décadas, los medios de comunicación dedicaban mucho espacio a la crítica; hoy en día, prácticamente ha desaparecido. Es algo muy preocupante, porque la reflexión crítica nos aporta muchísimo sobre quiénes somos como personas, como miembros de una sociedad y como ciudadanos con una dimensión política. Necesitamos este tipo de debates para ser mejores ciudadanos y aprender a tratarnos mejor los unos a los otros. Así que cuestionad lo que veis, reflexionad sobre por qué os gustan o no os gustan las cosas y hablad de ello con los demás».
Antes de despedirnos, añadió una última recomendación: «Y eso es todo: ¡ved películas de Godzilla, porque son buenísimas!»
¿Y qué podemos decir de la proyección de Roya, a la que asistimos justo después de la entrevista? Con la presencia de su directora, Mahnaz Mohammadi, la película nos conmovió profundamente a los cuatro. Una experiencia intensa que puso el broche final a nuestra jornada en el festival y que nos acompañó mucho después de salir de la sala.
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